martes, diciembre 29

La voz humana

Siempre fui una académica rancia. De adolescente iba a la Goethe tres veces por semana a estudiar alemán. No sé qué patín me había agarrado, pero insistí tanto con que quería aprender alemán que empecé. Era la única jovencita en el curso de adultos, todo me trataban muy bien pero era medio aburrido. Tenía facilidad pero era muy vaga y nunca hacía la tarea y me acuerdo que una vez una profesora durísima, alemanota y seca proveniente de Bremen me cagó a pedos y la mandé a la mierda. Todo el tiempo decía "ich komme aus Bremen" y yo la odiaba. Pobre, debía extrañar su ciudad. Yo soy una buena persona, pero sé que he sido pésima estudiante en la mayoría de las cosas que estudié. Demasiado díscola.
Lo que sucede es que además de académica rancia soy una putita de la academia así que las vueltas de la vida me llevaron a dar clases y estudiar letras. En mi universo hasta es lógico y todo.

La cuestión, que no tiene nada que ver con esto último, es que salía de la Goethe a la noche y me tomaba el 140 en Leandro N. Alem y Corrientes. Y, como era de noche y leer era un engorro y no disponía de modernos aparatejos paar escuchar música, escuchaba la radio.
Una noche enganché a un chabón hablando en español semi neutro semi ibérico, contando una historia. Duraba media hora mas o menos, y después pasaban música. Empecé a escucharlo todas las noches que volvía del curso. Como me salteaba partes de la historia porque no escuchaba todos los días, tenía vacíos cronólogicos importantes pero no me importaba. Esa voz era hipnótica. Puedo evocarla rápidamente, el tipo empezaba a hablar y yo ya estaba adentro. Era la típica voz de locutor antiguo, con extrema expresión y dominio de los agudos y graves, no los locutores que te quieren vender cosas que se escuchan en la tele o la radio.

Un día no lo pasaron más, se ve que se había terminado la historia. Por un tiempo estuve obsesionada, le preguntaba a la gente si sabían qué podía ser, dónde podía encontrar la historia. Sólo sabía que el protagonista se llamaba Winston. Sí, chicos, Winston.
Había estado escuchando el audiolibro de 1984  de Orwell sin saberlo. Y me di cuenta al leer el libro, que había estado todo ese tempo en la biblioteca de mis padres. Una tarde. Yo sola. Sin tecnología, sin googlear frases, sin buscadores en el celular. ¿Cuántas cosas como estas suceden ahora, que lo inmediato ya es viejo?
Por curiosidad, hace uno o dos años busqué en youtube a ver si encontraba esa voz, pero los audiolibros que había eran medio computarizados, un asco. Quizás en unos años compre en un mercado de usados un casette y esté esa voz. Voy a llorar como una perra.

viernes, diciembre 25

Un camionero anoche me mostró
un cartón que sacó por la ventana
que decía *Te quiero, wacha*.

Dobló por la calle que estaba cruzando
rápido como con verguenza
y no alcancé a decirle
que todavía no puedo.

El tiempo es lo único que pasa
hasta que alguien ya no llega tarde
a manifestar su amor.

lunes, diciembre 21

qué leí en los últimos meses

yo no tengo ordenadas las bibliotecas, pero para saber cuáles fueron los últimos libros adquiridos, tengo un estante rotativo. Se va vaciando de un lado (y esos libros se van a otro estante no importa cuál) y se van agregando por el otro, por lo tanto tengo acá una clara visión de lo que fueron mis lecturas de estos seis meses.

Las teoría salvajes Pola Oloixarac (Entropía) Me encantó aunque sé que está sobrevaluada en el mundillo y a pesar de la contratapa lisérgica que escribió el bonito de Daniel Link.

Opendoor  Iosi Havilio (Entropía). Fascinante. O te cabe o a su modo te destruye. O las dos, como a mí.

Lord Joao Gilberto Noll (Adriana Viterbo) Mala. Pero mala.

La ruta a trascendencia Alejandro Alonso (página 12) Me la encontré en la calle y aunque no me gusta el género SciFi le di una oportunidad, creo que porque no habia cobrado y no tenía nada para leer. Pero se la dí. Bastante buena.

La transformación de Rosendo  Ricardo Strafacce (Mansalva). La leí en una horita. Es un delirio corto y hermoso.

La comemadre Roque Larraquy (Entropía) Este libro debe ser leído por mucha más gente. Médico de principios de siglo en una institución alejada de la ciudad que comienza junto con colegas a cortar las cabezas de paciente vivos para ver si pueden hablar después de muertos. Ah, es una comedia. Ah, su otro libro, Informe sobre ectoplasma animal, no me gustó y me sorprendí

Precoz Ariana Harwicz (Mardulce) Cuando pensaba que Harwicz  no podía escribir una novela más acerca de las relaciones patológicas entre madres solitarias e hijos salvajes, salió su tercera novela. Y la banqué, como banco todo lo que salga de su cerebro. Lean a Harwicz. Lean La débil mental.

O silencio da chuva Luiz Alfredo Garcia-Roza (Companhia das letras) Plomazo. Atrapante, si te acordás que es una novela policial, pero plomazo. Pero como me sirve para laburar el portugués, callo. Pero no la lean si pueden evitarlo. Por ejemplo si están en una isla desierta, o en la cárcel, ahí sí, léanla que no los va a defraudar.

Primer amor Ivan Turguenev (Nuevo Siglo) Me salió diez pesos en Parque Centenario. Estos tipos a veces flashean con los precios. Hermosa. Es tan simple, tan abrazable, que es el primero de estos libros que voy a releer cuando me quede sin lecturas nuevas.

El pasado Alan Pauls (Anagrama) Me destruyó. Firmemente, constante. Cuando todo te falla en la vida, este libro te da sin pausa. Después fijate qué hacés con tus restos.

Las constelaciones oscuras Pola Oloixarac (Random House) Depende del día, digo que esta me gustó más que Las teorías salvajes. Y al revés también. Estoy muy confundida.

El traductor Salvador Benesdra (Eterna Cadencia) Con este libro me banco un lunes a las 8 en el subte. Creo que no me queda otra que leerlo muchas veces en mi vida. ¿Un traductor trosco en la época de la plata dulce que hace un raconto sindico-histórico-político mientras el mundo se va al carajo y mientras sodomiza a una adventista frígida del interior quince años más joven que él? ¿Hay una trama más lógica que ésta? Lean este libro porque se lo deben.

Ensayo
Tango.La mezcla milagrosa Carlos Mina (Sudamericana) No sé qué pasó. Se lo robé a mi padre porque tenía dos ejemplares. Buen ensayo. Medio embole al principio pero se ve que toma carrera.

Poesía:

Poemas de la creación Leopoldo Marechal (Castañeda) Estuvo muy bien. Lo leí al Sol.

Toda Poesía Paulo Leminski (Companhia das letras). Mi libro de poesía de este tiempo. Hermoso. Muchos idiomas. Muchos versos cortos. Y además su encuadernación es erótica.

Paz o Amor Marina Mariasch (Blatt & Rios) Yo a Marina la banco. Hubo cosas que me gustaron, cosas que meh, y poemas que repetí muchísimas veces.

Poesía popular argentina Vicente Luy (añosluz) Todo dicho acerca de Vicente.

Poetas. Autores Argentinos de fin de siglo (Desde la gente) No sé por qué, y me hace mierda no saberlo, estas selecciones surtidas de poemas de editoriales baratas son siempre TAN malas. En serio, necesito saberlo. Este libro tiene poetas hermosos, pero los enviados de satanás de los editores eligieron los peores poemas de cada uno y, sin relación de continuidad, los pegaron uno atrás del otro. Triste. Los odio. Comprarte un libro cuando querés leer en serio y que sea malo es como un coito interrumpido. Sorpresa, frustación y odio.

6 poetas de Argentina y 6 poetas de Brasil (Bajo la luna). ¡Sí! Requete sí. 

La materia. El trabajo. La poesía Anahí Ferreyra (Las Desenladrilladores) Algunos están muy pero muy bien.



Conclusión: Flasheé mucho en estos meses. Mucha editorial nuestra. Salvo Turguenev, todos latinoamericanos. Comprar libros de Anagrama te deja con mucho menos dinero que antes. Hubo poco ensayo dando vueltas en el territorio de Mansión Franklin, mi hogar. Me gustaron casi todos, una novedad.

jueves, diciembre 3

En un pequeño sector

Los que cuentan siempre la misma historia
y los que fabulan sin preocuparse
por elaborar buenas mentiras.
Los cuerdos e indestructibles
y los que son lo que queda.

A los emprendedores se les oponen
los que simplemente no pueden olvidarse.
Los que pasean a sus perros sin correa.
Las luces prendidas a esta hora
en el techo de la ciudad.

Si yo aceptara las cosas,
con la creencia pesada
que deja el miedo al paso de los días,
seguiría siendo yo,
seguramente sufriría
un poco menos,
pero no escribiría.

martes, noviembre 24

Los peores infiernos son los de temperaturas tibias

Si cuando creés que agosto pasó hace años
se te bajan las medias viejas después de que te las subís
mientras preguntas importantes se caen de tu corazón,
tranquilo, sólo podés mejorar.
Los peores infiernos son los de temperaturas tibias.









martes, noviembre 17

Cuando son gratas las sorpresas

A lo largo de las últimas semanas estuve trabajando con varios grupos el lenguaje poético. No sé por qué, no está en el programa y no sé si es lo mejor siempre, pero los profesores también necesitamos cosas, y me encapriché y quise hacer un taller experimental que por suerte salió bien.

En realidad todo empezó por un error. Una noche entre semana salí, me pasé sutilmente de copas y al día siguiente me quedé estrepitosamente dormida, enfrentándome a la perspectiva de dar una clase de cuatro horas sin haberla preparado y con muchas menos neuronas que el día anterior. Como los adictos al azúcar que tiran golosinas en el chango del supermercado, fui corriendo con una bolsa a la biblioteca y me llevé diez libros de poesía. Diez libros hermosos que quiero mucho, todos con encuadernaciones brillantes, eróticos infinito punto rojo. Llegué, les di uno a cada uno, les pedí que eligieran el que menos les gustara, y que identificaran el porqué. Y me fui a buscar un vaso de agua. Todo lo que sucedió después estuvo bien. A partir de ahí pauté diferentes actividades, incluso tradujimos un poema de Paulo Leminski al español rioplatense. Se le cagarían de risa los bigotes al escuchar su poema con voseo.

Lo importante es que comienzo a entender que ninguna actividad o propuesta de trabajo, por más interesante que sea, por más que me entusiasme a mí, es para todos. Parece una boludés, pero desoír esto puede ser la causa directa de frustraciones terribles.

A algunos les pedí que intentaran escribir un poema. La verdad es que no albergaba esperanzas de nada, a veces tiro consignas al voleo que son bastante estúpidas, no le digan a nadie.
Cuestao, la semana pasada me llegó esto. Primer poema que escribe en su vida. Va de tú porque a un brasilero sacarle el tú es como sacarle los porotos.

¡Oh! Maravillosa y linda Luna
que ilumina e invade el alma
naciendo despacio, efecto que trae calma
emerge hecho el Sol sobre la laguna.

Se levanta en un cielo oscuro,
tímida, colorada, blanca.
A toda la gente le encanta
penetra los ojos, los convierte en puros.

Para los enamorados, una inspiración.
Compañía fiel a los solitarios
Desnúdate, Luna, no necesitas vestuarios.
Sé que buscas solamente emoción.

Brilla, brilla, hermosa Luna
sé la luz de mi corazón
ten prisa, te suplico,
se acaba el tiempo de nuestra relación.

Ya es hora, no se va,
al día no me quiero enfrentar.
Llévame contigo, querida Luna
que si no en la oscuridad me voy a quedar.

domingo, noviembre 15

Ya es hoy

Decir que este año me cogió
cuando todos los años me cogen
entraña un efecto residual
de tristeza que no acepto.

Sería casi como decir
que en este tiempo
que pasó envejecí.

Salvo el viento,
ya nada de la naturaleza
me produce odio.
No obstante tengo
todas las plantas
de la ventana muertas.

Una amiga vino ayer a visitarme
y viendo la ventana
me preguntó si estaba bien.
Me ayudó a sacar las macetas
y pensamos juntas qué podría poner
mientras nos pintábamos las uñas.

Hablamos de bombas, de gatos,
de objetos kitch y de lugares a los cuales
no nos interesaría viajar.

Después fuimos a tomar mate
a las gradas de la pista de skate.
Es esclarecedor ver gente caer,
hacerse mierda y levantarse con alegría.
Me hace pensar que mientras el motivo sea válido
caerse no es un gran problema.

Hoy desde que me levanté
reflexioné como
un estudiante de humanidades
en un examen
pero mi corazón
es un jardín
y así
es como van a ser las cosas.

viernes, noviembre 6

A veces tengo pudor
de bibliotecaria
y a veces quiero
vivir en tetas.
La vida se me va
en contradicciones pelotudas.

jueves, octubre 29

Scioli y Macri pueden chupármela hasta el amanecer

La derecha
es una cena que parece apetitosa
y que al otro día te mata
de salmonelosis.

A mi no me pagan vacaciones
ni aguinaldo
ni días de enfermedad
pero hacen como si
lo hicieran.

La sociedad necesita de políticas
plenamente públicas.
De maestros que puedan,
de médicos que puedan,
de obreros con ART,
de enfermeras que tengan hijos que puedan
decidir qué carrera estudiar,
de empleadas domésticas que a los 60
cobren la jubilación
tengan 30 años de aportes
o no.
De centros culturales abiertos a la comunidad
que garanticen la pluralidad de voces,
la producción y reproducción
de manifestaciones artísticas lindas,
pero más que nada limpias
de clientelismo e intereses,
lo más limpias posible
de guita robada.
Necesita de funcionarios que cobren
como cualquier hijo de vecino
porque todos somos vecinos,
funcionarios que cobren como todos nosotros.
Necesita dejar de hablar de dólares
al menos por seis años
dejar de correr al banco a sacar la plata
y para eso necesita de estrategias nacionales
y de amor
para sí y amor por los otros
Necesita de transportes y conexiones
con todo el país.
Necesita cortar con la división marcada
de frontera con todos los otros países del mundo
Necesita de una concienzuda revisión histórica,
de un análisis crítico,
de criterio de realidad,
dejar de patologizar las diferencias,
de un aborto legal, seguro y gratuito
de políticas que dejen de promover
la violencia de género, social, étnica, religiosa,
política, sexual.
La violencia.
El rencor.
Matrimonio y adopción igualitarios
aprender que hay
hombres con hombres
mujeres con mujeres
hombres con mujeres
viejos con jóvenes
parejas múltiples
y promiscuidad elegida
Necesita repudiar en conjunto
a los hijos de puta que en septiembre planean
los viajes de enero,
que cambian el auto cada dos años,
son dueños de propiedades,
cobran como cinco mucamas de country
y dicen que cada vez se está peor.
Necesita escuchar a los que están hasta la pija.
los que están cansados de viajar tres horas para ir a trabajar
los que tienen casas sin revoque y sopa y pan para comer
y van en automático porque laburan mientras se les va la vida.
Necesita escuchar a los que no pueden hablar
los que no viajan, los que no laburan, los que afanan,
los que inhalan poxi, los que van con los zapatos abiertos
como una salchicha mal cocida
los que no morfan, los que respiran la falta.
Necesita exigirse y exigir siempre lo mejor y más,
dejar de consumir sueños ajenos, destruir las armas,
legalizar la marihuana, dejar al ejército tranquilo,
cortar con tanta hipocresía desabrida.
Basta de trabajo en negro.
Basta de mentirnos en la cara. No ellos,
nosotros.
Basta de esta boludés atávica.

martes, octubre 27

viernes, octubre 16

El día que maté a una lagartija

Intentaba enviar un archivo del trabajo y se me tildó la computadora. Lo estaba mandando más tarde de lo que había acordado y tecleaba como una telegrafista de guerra. No era así como yo pensaba que iba a vivir mis 24 años, con un futuro promisorio pero lejano y frío, e intentando enviar tarde un archivo de trabajo por el cual cobraría unas monedas con la computadora congelada. Yo apretaba teclas desesperada y la computadora repetía luego de cerrar, reiniciar y volver a abrir la misma leyenda de máquina que nunca experimentó la felicidad: "No responde".
Sentí una ira desmedida por mi vida. Rompí el termo de vidrio de un golpe y un plato que estaba ahí hacía tres días. Me agarré la cabeza y grité haciendo eco como un animal sufriendo en el claro de un bosque, como se le grita a un pendejo que esta cruzando las vías del tren cuando se escucha la chicharra, como una madre a la que le matan un hijo, como le gritarías a tu pareja si te enteraras que tiene una familia paralela. Grité por frustrada, grité y creo que no me hizo bien.
Respire hondo, bajé la cabeza y vi aparecer por abajo de la puerta de entrada a una lagartija muy pequeña -una lagartijita- y cuando quise empujarla con la escoba hacia la salida sin lastimarla se movió a la velocidad de la luz y eso me hizo renacer la furia y la maté. Lo que sentí es inenarrable. Maté a un bichito estéticamente agradable cuya única culpa fue ser veloz. Fui testigo de la basura que sobrevivió a mi purga emocional. Maté a la lagartija porque un sol gravemente amarillo teñía todo de miseria. Lloré furiosamente como alguien que se apoya en un árbol a llorar. Como  llorarían si pudieran los trenes cuando hacen el viaje inaugural. Como una madre que pensó que le habían matado a un hijo. Como llorarías si fueras la familia paralela de tu pareja. Lloré de frustrada y ahí dejé de llorar porque mucho llanto es vicio. Entonces miré a la lagartija hecha pija

y pensé en vos.

domingo, octubre 11

Todo llama la atención

Un par de pájaros marca pájaro
vuelan contra una feroz corriente de aire.
¿Por qué vuelan así, agotando sus energías?
¿Serán idiotas?
¿Puedo decirle idiota a un pájaro?
Qué odio que produce el viento.

No sé si los pájaros sentirán odio,
o incorporarán ese tipo de sucesos
como nosotros incorporamos
los miembros ajenos
en un transporte público.

Por favor,
sacá ya mismo
el enchufe
que tenés acá
en mi alma.


miércoles, septiembre 23

La verdadera deep web

Cuatro clics y tenés el último capítulo de la serie dramática epocal,
porno soft, porno hardcore, poesía eslava,
páginas que enseñan a hablar dialectos africanos,
y también el desgrabado completo
de ese profesor de esa materia de esa clase a la que faltaste.

Yo no sé cómo voy a explicarle a un niño el día de mañana
qué se sentía vivir en la otra forma de acceso total
que ciertamente no comprendo
que sinceramente me desvela
 y que definitivamente ya no va a parecerse
a la que sea cuando el pendejo me pregunte.


domingo, septiembre 20

Los puentes magnéticos, de Ignacio Molina

Ignacio MolinaLos puentes magnéticos, Buenos Aires: Entropía, 2013, 164 pp.


                                                isso? aqui? já? assim?
Paulo Leminski



Resultado de imagen para los modos de ganarse la vida molinaEncontré Los modos de ganarse la vida, la primera novela de Ignacio Molina, escondida en un estante al ras del suelo de una librería del centro. Estaba medio ajada una de las solapas pero me la llevé por el color borravino tan hermoso y las fotos superpuestas del arte de tapa. Para qué mentir, me la llevé sin leer más que el título. La tarjeteé furiosamente y pedí que me la envolvieran para regalo.
Al terminarla me quedó una sensación dura, un descalabro emocional, como volar a causa de una patada ninja rotunda ahí donde termina el esternón. Después de eso, bueno, sucedieron un montón de cosas que hacen a mi humanidad pero no a este comentario.

A fines de 2014 llegó a mí casi por casualidad Los puentes magnéticos, su segunda novela, esa que no solo cierra la trilogía urbana*, sino que además le da el carácter. Es este libro y no los otros el que carga con el mayor poder identitario.

La novela gira en torno a Camila, una profesora de inglés que araña los treinta reproduciendo una rutina que descansa sobre duelos irresueltos y una culpa que no puede -no sabe- purgar. Como escribiera Jimena Arnolfi, todo hace ruido. Su profesión, su padre periodista desaparecido en Brasil. La relación con su madre y su hermano menor. Una amiga a la que comienza a ver luego de hacer que pierda su trabajo. Una película en la que hace de extra. Los hombres: Emiliano, el alumno adolescente que la desorienta y con el cual se acuesta; Cristian, su ex-pareja; Rodrigo, el pibe con el que tiene algo; Javier, un profesor suplente. Todos se la cogen. O casi todos. Elijo decirlo de esta manera por un motivo. Hay un uso de ese cuerpo que no nos es indiferente.


Tanto en Los modos de ganarse la vida como en Los puentes magnéticos hay una escena en la que el protagonista ve interrumpido su trayecto del supermercado a su casa -por causas absolutamente dispares- y debe tirar las hamburguesas que había comprado porque ya se habían descongelado. Al leer ambos pasajes pensé lo mismo: ¿Es esto real? ¿Tiraríamos tan fácilmente un paquete de hamburguesas porque no las pusimos inmediatamente en el freezer, porque nos retrasamos más de la cuenta? ¿Es realmente necesaria esta escena? Y en ambos casos convine que sí. Hay un metrónomo molesto que les marca un tiempo que acecha, que no controlan; comparten, en una comunión imposible, la pérdida de autoridad. De hecho, la muerte del padre de Camila queda signada por una desaparición confusa que solo hace a la idea de algo demorado en el tiempo, no de algo -de alguien- que ya no está.

Resultado de imagen para los puentes magnéticosLos puentes magnéticos es, en esencia, un escenario despojado de escenografía. Allí donde otros dispondrían de múltiples recursos narrativos, Molina elige ignorarlos y construir desde adentro. Termina erigiendo un personaje dotado de una pesadez etérea; es Camila la entera responsable, al suplir los objetos que faltan, de dar cuenta del espacio y del tiempo. Hay mudanzas, sí, hay establecimientos fuertes y marcas espaciales ingeniosamente destacadas, pero no hay espacios libres. Nunca hay espacios libres. Es difícil, por momentos, no confundir la prosa limpia con una historia llana; pero esa simpleza encierra reveses allí donde se ponga la vista.
Los puentes magnéticos podría ser un manual de instrucciones o una receta de cocina. En algún lugar esconde celosamente las pautas para rehuir de las decisiones ajenas, y las pistas para intentar no quedar recluso de las propias. Hace unas meses le dije en un mail que me resultaba fácil creerle porque su escritura se adivinaba desde un primer momento honesta. Y quizás, pienso en frío ahora, sea la mejor forma de describirla: desde la sinceridad, que no es lo mismo. La idea que deja es que no finge, no fuerza.

Sexo y género. Al avanzar sobre la historia, percibí los géneros cambiados en diferentes personajes, como si Camila por momentos fuera un hombre, como si todos esos hombres que se deslizan fueran mujeres. Podría interpretarse como un error en la conformación de los personajes. Podría, no lo sé. No creo que sea tan importante. Me interesa lo que sucede después. De Rodrigo, de Cristian, del profesor, de todos sus ex, Camila es objeto. Pero hay un vínculo en el que se nota el final de un proceso, el que rompe con todo lo anterior y monta, sobre pilares precarios pero genuinos una identidad modificada, nueva: es el que se desarrolla entre ella y su alumno. Hay una escena puntual en la que su sexualidad le es restituida. Él la llama pidiéndole ayuda, tomó cocaína y está asustado, ella va a ayudarlo, lo calma y lo cuida, y cuando él entra en calor, cuando se tranquiliza, algo en ella se activa y lo busca; se adivina que se acuestan; él pasado de rosca, ella de algún  modo también. Al final del libro se confirma que está embarazada. Todo esto es muy importante. Su sexualidad, su cuerpo de mujer, se restauran con este chico. Su identidad -y la de su padre- se reconstruyen con el otro pibe -el que espera-, su bebé por nacer. Mientras que se adivina que está lista para dar a luz, su padre está listo para morir.

Los finales que elige este escritor parecen mostrar un avance en la deliberación de los personajes. Si el lector no esta advertido quizás interprete que ese estancamiento y ese devenir cotidiano pueden, por generación espontánea, dejar una impronta marcada, una enseñanza atroz. Pero si es, definitivamente no es por generación espontánea. Es tan terrible a veces no saber si es el mundo o somos nosotros.




*A saber: el libro de cuentos Los estantes vacíos (Entropía, 2006), y las novelas Los modos de ganarse la vida (Entropía, 2010) y Los puentes magnéticos (Entropía, 2013).

sábado, septiembre 19

Cuando me cuentan la historia II

No sé si recuerdan a mis alumnos que son hermanos. El jueves vino sólo ella, él se había quedado dormido. Estoy casi segura de que no se quedó dormido. La semana pasada me dijo que quería que ella viniera sola en algún momento así tenía una clase personalizada porque está mucho más atrasada que él. XX llegó con unos minutos de retraso, la saludé con afecto y empezamos la clase. Medio en chiste medio en serio la cagué a pedos porque hace la plancha con el español. Me miró atentamente y volví a mi dulzura característica porque noté que se venía algo. No llegamos a tener más de dos minutos de clase, que dije algo, algo que no entendí hasta mucho después por qué podía ser un desencadenante, y se echó a llorar desconsoladamente. El corazón se me estrujó un poquito. Hacía mucho no veía a un adulto con tanta carga de angustia frente a un desconocido. Charlamos un montón. En el medio fue el festejo por el día del profesor y entraron a ofrecernos torta mientras ella lloraba y yo la miraba con ojitos de pollo, todo muy normal.
El porqué de su llanto no es pertinente, para el caso es lo esperable, si acaso hay alguna maldita cosa esperable. Realmente no entiendo cómo se hace. Lo de no involucrarse. Un compañero me dijo que es normal, que no me preocupe.
Esto me afectó más de la cuenta. Últimamentemuchas cosas están siendo "más de la cuenta". Lo que en realidad me pregunto es cómo se hace para ayudar a alguien que sufre. Soy muy poco original con mis incógnitas. Pero creo que en esa pregunta reside lo que nos hace más imperfectos, más hechos pija, más humanos. A ver, sé. Pero cómo se hace.
También tengo un grupo de alumnos a la noche con los que la paso tan bien que nunca puedo terminar  la clase en horario. Son fantásticos. Y alumnos bastante aburridos marca olfa. Y un alumnito que me hizo llorar con su versión de "Por una cebeza". Es todo un quilombo, muchachos. Pero los bahianos. Bueno.

miércoles, septiembre 16

La mina del rock

Justo hoy, que tuve un sueño tan raro, me enteré por facebook que Cristina Dall está ternada para el premio Konex de la década como cantante solista de rock. Sus publicaciones me dan mucha ternura, tira comentarios estilo mi vieja. Ojalá gane, aunque el rock no sea lo que más desarrolle y aunque el Konex me ne fregue.
La mujer que está en la barra del bar Lo De Roberto es igual a Claudia Puyó. Pero igual. La primera vez que fui, dos borrachines se quisieron cagar a trompadas y como no les daba por el porcentaje de etílico en sangre, se tropezaron y rompieron unos de los vidrios empolvados de la vitrina que da a la calle. La Doppelganger de Claudia los re carajeó desde la barra y yo la miré rogando que cantara algo pero eso no sucedió. Claudia Puyó es lo mejor de lo mejor. En este tipo de casos mis conclusiones son irreductibles. Si el Rock me emociona, Claudia me emociona mucho.




Nunca me funcionó eso de escribir un diario, unas memorias periódicas, pero este espacio un poco como eso es. Y anoche soñé que cantaba con Claudia Puyó en un recital que se hacía en el parque de una mansión abandonada, todo muy marginal, y que me quedaba sin voz de los nervios y el guitarrista me daba un whisky del pico botella y yo le decía: ¿Te parece whisky en este momento? y la Puyó se cagaba de risa.
Estoy absolutamente curada en salud de lo que mi inconsciente decide será la película de la noche, así que después del laburo me puse a escuchar algunos temas que hacía años no escuchaba. Y me pintó la melanco, quéseyó.
Acá una maravilla que hace junto al maestro Ike Parodi:



Todo lo que sucede acá está bien:



Y bueno, la más que conocida versión en la cual Cantilo no bardeaba, Carballo cantaba tan sin esfuerzo y Mapu estaba viva:



Actualización: era un premio para todos los que estaban "ternados", entendí cualquier cosa. Altos tibios.

martes, septiembre 15

Los espejos y la infancia, Inés Acevedo

"(...) Mi mamá me criticaba por mirarme al espejo, me decía 'coqueta', para ella era negativo querer ser linda, porque había sido educada en un convento; cuando yo quería correr para el baño a mirarme en el espejo me retaba. A los diez, cuando me mudé sola a mi cuarto, un día mi mamá abrió la puerta y me encontró mirándome en el espejo fijamente. ¿Qué hacés? me preguntó, y a mí me dio vergüenza. No era vanidad, me miraba por el simple asombro de existir. ¿Cómo es posible que yo sea esto? me preguntaba, en una especie de abismo. Acá estoy, soy una persona que vive: qué peligrosa es la vida, qué sensible soy, puede desaparecer en cualquier momento (...)
Con un poco de este espíritu me miré al espejo aquella primera vez, y pensé: ¡tengo una Hermosa Personalidad! ¡Qué Persona interesante parezco! Estaba seria. La misma cara de siempre, como cuando voy por la calle y los hombres intentan un piropo que en realidad es reproche: '¡qué seriedad!', me dicen. Y casi no se dirigen a mí. Hablan entre ellos de mí, sin conocerme. Dicen que soy seria. Esa cara seria, como medallón, es mi cara de los cinco años. Cara de fastidio y solemnidad. Así me recuerdo a los cinco años, edad que nunca perdí, y en la que supe que efectivamente tenía treinta y tres." 

Una idea genial, Inés Acevedo

sábado, septiembre 12

Cosas probas

Quiero escribir un poema
que exprese mi pena
y no hable de mí.
Un poema épico
que te pare la pija.
En alemán
en circunstancias no deseables
y que lleve a los extras
a la victoria.
Uno que me haga
olvidar de este.
Hacerme invisible y escribirlo
con tu letra.




                                                  -Vicente Luy-

domingo, septiembre 6

Si pudiera aprender
algo imposible,
aprendería la calma.

Cada tanto hay una fase oscura
tan profunda,
que aun desde el espacio y viendo el sol,
cualquier astronauta
no dudaría
en pensar en la noche.

A veces, las cosas salen,
pero alguien rompe algo
y siento,
con una repentina lucidez,
que quizás a eso también
pueda acostumbrarme.

Si pudiera aprender
algo imposible,
aprendería la calma.

domingo, agosto 30

Casi Real

Milagroso Sol
reemplaza mi coraza
por un par de alas nuevas
que quiero salir de casa.

Sueño de canción
angustia y alimento.
Me siento vacío
si canto lo que no siento.

Y es como verme en el espejo
casi real.
Hoy he venido a buscar
lo que no se ve de lejos.


Facundo Galli, Casi Real


http://facundogalli.bandcamp.com/album/last-pamperito

jueves, agosto 13

Cuando me cuentan la historia

Tengo dos alumnos de español que están ocupando mi cabeza más de lo normal. Son brasileros, de Bahia. Hermanos. Un hombre y una mujer. Ella le lleva varios años. Están acá estudiando medicina. Él lleva la batuta. Ella es muy tímida.

Estoy trabajando con ellos hace dos meses y recién hoy empecé a encajar piezas. Tienen una relación nula. No es que se lleven mal; no se llevan. Viven juntos, pero no saben ni siquiera qué cena el otro. Estan dolorosamete escindidos y son, hermosamente, iguales. Tienen las mismas expresioes e incluso se visten de manera similar. No sé si está bien que hable de ellos, pero creo que este es otro ejemplo más de la narrativa de esta vida re trola con sus vínculos intrincados y miles de aristas. Cuento su historia con muchísimo respeto. Debo estar muy sensible: todo me parece importante.

La semana pasada laburamos un ejercicio de fonética con dos poemas, uno de Daiana Henderson y otro de Ignacio Molina. Los utilizo bastante. El primero tiene frases que a todos les produce impacto aunque no entiendan todas las palabras. Las que más consultan son: encastrando, huecos, parabrisas, redención. 'Copos' en portugués quiere decir 'vasos'(vajilla). Preguntan por qué caerían vasos sobre el auto. Es maravilloso.

A ver si alguien entiende lo que digo.
Estábamos en el primer piso de un
estacionamiento. Nos bajamos, encastrando
las manos en los huecos de la ropa.
Un señor pasó muy cerca con su auto,
dijo algo que sonó como que
estaba nevando en Fisherton,
dijimos "¿qué dijo?", "este tipo está loco",
miramos afuera y los copos perfectos
descendían sobre los parabrisas, fue como una
redención y me acordé de tantos libros
y de tantas películas. Quise llamar
a todos por teléfono, decirles que los amo.
Necesito algo que me haga concha el corazón,
Como cuando se te pega una canción espantosa
y necesitás otra pegadiza para reemplazar
esa pieza en tu cerebro automático.
Necesito algo que me destruya.


El segundo también es tremendo y sin embargo a todos les produce risa e identificación. Las palabras que consultan el significado son: pasillo, mareado, monedas, duelo, contártelas. Todos, incluso lo más vagos, anotan con suma precisión lo que significa 'hacer un duelo'.

A todo el mundo le pasan

A todo el mundo le pasan
cosas por el estilo:

dormirse con la estufa al máximo
y despertarse mareado a las tres de la mañana

o escuchar mal una pregunta
y quedar en ridículo al contestar algo absurdo

o esperar diez minutos el colectivo
y darse cuenta de que no alcanzan las monedas

o caminar al kiosco en busca de algo dulce
y leer en la persiana que está cerrado por duelo.

No serán tan graves esas cosas
(a todo el mundo le pasan),
pero desde que no estás vos para contártelas
en mi vida se convierten en tragedias.


Algunos profesores creen que es fuerte y a veces aburrido el material que uso para trabajar la dicción. Hasta que no vi las reacciones yo también pensaba que quizás debería haberles dado cosas más light, un par de trabalenguas más, algún cuento simple. Pero cuando les cuento la historia, cuando los hago partícipes, cuando les enseño a leer poesía en voz alta, es como si se abriera una puerta a un compromiso que luego resulta difícil de cerrar. Leer poesía los obliga a implicarse.

Trabajamos entonces estos dos poemas con los hermanos bahienses. Primero por separado, después los hice sincronizar sus voces. Es un ejercicio difícil; les salió bastante bien. Uno prefirió el de Daiana, el otro el de Ignacio. Por supuesto. La cuestión es que oírlos leer poesía me implicó a mí también. Es fascinante y terrible todo eso que pasa cuando el vínculo profesor-alumno funciona. Creo que dar clases me enseña a hacerme cargo.

Los bahienses. Ok. Intento por todos los medios estimular la relación entre ellos. Me miran risueños, les debo parecer una pelotuda.
Hoy charlamos acerca de su familia, de su historia. Intenté ir un poco más allá del círculo cercano, les pregunté por sus orígenes. Discutimos acerca de la mistura que reposa en América Latina, en Brasil, los portugueses, los pueblos originarios americanos, los africanos, el resto de los europeos. Les pregunté, como suelo preguntar para incorporar vocabulario de los miembros de la familia, si sus padres tenían algún hermano. Se miraron entre sí y asintieron atentos.
Y así, limpio, con una voz suave y hermosa, él me contó que su papá tenía 22 hermanos y su mamá 10. Y que a pesar de tener 32 tíos, no tenían relación ni con ellos ni con sus familias. Estamos hablando de más de 100 integrantes de una misma familia en un mismo tiempo histórico que a duras penas recuerdan. Miré la hora, hacía rato se había terminado la clase. Cerré los temas, la tarea y los despedí con un abrazo. Que nos veíamos la semana que viene.

Me sacó de mi ensimismamiento otro profesor, preguntándome si podía usar mi guitarra, porque se había olvidado la suya. "Usala con paz", le dije. ¿Usala con paz? Sí, con paz. Ponele. Qué se yo. Me faltan palabras. Me acaban de contar una historia.

martes, agosto 11

A la noche a las diez en Parque Centenario

Me encontré un woofer y dos parlantes de la concha de la lora en una caja junto a una botella de whisky vacía. Me llevé la caja por puro deporte ciruja, no albergaba ningún tipo de esperanza de que funcionara nada. 

Acabo de conectar todo. 
Se va a saltar la pintura de las paredes. 
Los graves se sienten en el alma. 
Es tanta mi emoción 
que no puedo dejar un tema 
por más de unos segundos. 
Nada es suficiente. 
Somos sonido.

domingo, agosto 9

Duda bebé

En un mundo hiperinflacionario
onda Zimbabue en el 2008
la pregunta del millón
sería una duda
chiquita.


jueves, agosto 6

Se murió Juana Bignozzi

Dije cuando leí hoy a las ocho la noticia. Segundos antes miraba el cielo y pedía por favor que mis alumnos de las 10 me cancelaran maleducadamente sobre el pucho.
Loco, se murió Juana Bignozzi, dije una hora después mientras le ponía la funda cubrelluvia a la guitarra, salía al mundo como un pollo sorprendido y caminaba hasta el subte.
Nunca va a saber que también una piba en parque centenario se lamentó por su ausencia. Que gente extraña dijo lo mismo al despertarse y desayunarse con un titular tipografía tamaño 18.
Me adelanto a las actualizaciones: seguimos preguntándonos para qué.
Ya en el andén, guardando el paraguas en la funda y luciendo como un camélido con alforjas, hice malabares para contestar el teléfono; era la secretaria del instituto avisándome que mis alumnos de las 10, maleducadamente, me habían cancelado sobre el pucho. Que la línea D no funcionaba. Miré la hora. 9:30. Volví caminando bajo la lluvia oblicua y me encontré una maceta con una plantita mocha que me propuse florecer. Se murió Juana Bignozzi y yo sigo sintiendo la demora.

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Educada en el vicio de los hombres

voy a la cocina y me siguen
voy al baño y golpean la puerta
me despiertan en la noche para preguntarme si duermo
llaman por teléfono en todas mis ciudades
para avisarme cuidado con el vino y la vida literaria
no he perdido padre ni tíos ni ahijado ni amigos de juventud
por no perder no he perdido ni editor
ni ese hombre
que ya sombra aún cuida mi paso en las esquinas

no me han dejado caer de su mano de su vicio
de su peso de mi corazón.


(2000)

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La vida plena

Resultado de imagen para juana bignozzi lecturaA algunos les han quitado las ganas de hablar,
pasan mudos por el amor, aman perros vagabundos
y tienen una piel tan sensible
que nuestros pequeños saludos cotidianos
pueden producirles heridas casi de muerte.
Nosotros, seres amables e inofensivos,
miramos los gatos enfermos, las mujeres con collares
que pasan por la calle
y sentimos un desamor agradable,
casi suficiente.

(1967)

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Soy una mujer sin problemas

Todos lo saben
y entonces buscan mi compañía para charlar por las noches.
Sin embargo yo conozco a alguien que quiere morir en paz consigo mismo
y me produce estremecimientos, insomnio, soledad,
porque la paz conmigo misma sería una guerra sin fin,
dos o tres asesinatos inevitables y alguna entrega desmedida
que no entra en mis planes.
Sin embargo yo sueño por las noches
con un jardín inmenso donde los muertos se levantan para saludarme;
yo sueño con un hombre que me inquieta y como lo ignora
me habla amigablemente del resto del mundo
y de mis múltiples amores, tan simpáticos,
tan apropiados como tema de conversación.

(1967)

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Resultado de imagen para juana bignozziYo que moriré vendiendo las joyas
que nunca tuve
extiendo esta mano como si blandiera guante de encaje
que no conoció
porque hizo domésticas tareas
con sentido histórico hartazgo y cierta dignidad
yo que moriré
espero limpia y perfumada y es probable con olor a decencia
no olvidaré el escenario inaugural
donde se encendieron y apagaron las luces
donde creció mi adolescencia y murió mi juventud.

(1989)

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Nocturno

la luz de mis amigos en las cenas en mi ciudad
el perro de Anouilh que siempre aúlla para mí
casas de barrio a oscuras cazadores de lavabos de estación
mi amiga comprándome vino en el kiosco
un avión esperando para encender los motores.

(2000)

sábado, agosto 1

Estaciones

La primavera es la ignorancia del progresismo.
El otoño, el candidato de izquierda
que hace veinte años saca los mismos diez mil votos
de las mismas diez mil personas.
El verano es la molestia,
el invierno es la amenaza.

El invierno es estar de vacaciones en el campo,
todos están adentro de la casa hablando fuerte,
vos estás afuera levantando las sobras de la cena;
te sentás a fumar y un lobo atraviesa la tranquera
y se sienta en sus cantos,
te mira,
lo mirás compadrito.
El lobo y el invierno te dan miedo y a la vez
te chupan un huevo.
Sabés que si han de llevarte,
sea por el frío o por furiosas dentelladas,
vas a dar algun tipo de batalla
porque eso,
descubriste,
se te da bastante bien.

En verano todos somos
intelectuales barrilete que sufren por amor.
En invierno hacemos todo lo que podemos.
Lo que haga falta, que nuestro cuerpo se adapte.
¿Notaste acaso la temperatura de las sábanas
una mañana cualquiera de agosto?
Espabilá.
Te estoy relatando mi corazón.