domingo, agosto 30

Casi Real

Milagroso Sol
reemplaza mi coraza
por un par de alas nuevas
que quiero salir de casa.

Sueño de canción
angustia y alimento.
Me siento vacío
si canto lo que no siento.

Y es como verme en el espejo
casi real.
Hoy he venido a buscar
lo que no se ve de lejos.


Facundo Galli, Casi Real


http://facundogalli.bandcamp.com/album/last-pamperito

jueves, agosto 13

Cuando me cuentan la historia

Tengo dos alumnos de español que están ocupando mi cabeza más de lo normal. Son brasileros, de Bahia. Hermanos. Un hombre y una mujer. Ella le lleva varios años. Están acá estudiando medicina. Él lleva la batuta. Ella es muy tímida.

Estoy trabajando con ellos hace dos meses y recién hoy empecé a encajar piezas. Tienen una relación nula. No es que se lleven mal; no se llevan. Viven juntos, pero no saben ni siquiera qué cena el otro. Estan dolorosamete escindidos y son, hermosamente, iguales. Tienen las mismas expresioes e incluso se visten de manera similar. No sé si está bien que hable de ellos, pero creo que este es otro ejemplo más de la narrativa de esta vida re trola con sus vínculos intrincados y miles de aristas. Cuento su historia con muchísimo respeto. Debo estar muy sensible: todo me parece importante.

La semana pasada laburamos un ejercicio de fonética con dos poemas, uno de Daiana Henderson y otro de Ignacio Molina. Los utilizo bastante. El primero tiene frases que a todos les produce impacto aunque no entiendan todas las palabras. Las que más consultan son: encastrando, huecos, parabrisas, redención. 'Copos' en portugués quiere decir 'vasos'(vajilla). Preguntan por qué caerían vasos sobre el auto. Es maravilloso.

A ver si alguien entiende lo que digo.
Estábamos en el primer piso de un
estacionamiento. Nos bajamos, encastrando
las manos en los huecos de la ropa.
Un señor pasó muy cerca con su auto,
dijo algo que sonó como que
estaba nevando en Fisherton,
dijimos "¿qué dijo?", "este tipo está loco",
miramos afuera y los copos perfectos
descendían sobre los parabrisas, fue como una
redención y me acordé de tantos libros
y de tantas películas. Quise llamar
a todos por teléfono, decirles que los amo.
Necesito algo que me haga concha el corazón,
Como cuando se te pega una canción espantosa
y necesitás otra pegadiza para reemplazar
esa pieza en tu cerebro automático.
Necesito algo que me destruya.


El segundo también es tremendo y sin embargo a todos les produce risa e identificación. Las palabras que consultan el significado son: pasillo, mareado, monedas, duelo, contártelas. Todos, incluso lo más vagos, anotan con suma precisión lo que significa 'hacer un duelo'.

A todo el mundo le pasan

A todo el mundo le pasan
cosas por el estilo:

dormirse con la estufa al máximo
y despertarse mareado a las tres de la mañana

o escuchar mal una pregunta
y quedar en ridículo al contestar algo absurdo

o esperar diez minutos el colectivo
y darse cuenta de que no alcanzan las monedas

o caminar al kiosco en busca de algo dulce
y leer en la persiana que está cerrado por duelo.

No serán tan graves esas cosas
(a todo el mundo le pasan),
pero desde que no estás vos para contártelas
en mi vida se convierten en tragedias.


Algunos profesores creen que es fuerte y a veces aburrido el material que uso para trabajar la dicción. Hasta que no vi las reacciones yo también pensaba que quizás debería haberles dado cosas más light, un par de trabalenguas más, algún cuento simple. Pero cuando les cuento la historia, cuando los hago partícipes, cuando les enseño a leer poesía en voz alta, es como si se abriera una puerta a un compromiso que luego resulta difícil de cerrar. Leer poesía los obliga a implicarse.

Trabajamos entonces estos dos poemas con los hermanos bahienses. Primero por separado, después los hice sincronizar sus voces. Es un ejercicio difícil; les salió bastante bien. Uno prefirió el de Daiana, el otro el de Ignacio. Por supuesto. La cuestión es que oírlos leer poesía me implicó a mí también. Es fascinante y terrible todo eso que pasa cuando el vínculo profesor-alumno funciona. Creo que dar clases me enseña a hacerme cargo.

Los bahienses. Ok. Intento por todos los medios estimular la relación entre ellos. Me miran risueños, les debo parecer una pelotuda.
Hoy charlamos acerca de su familia, de su historia. Intenté ir un poco más allá del círculo cercano, les pregunté por sus orígenes. Discutimos acerca de la mistura que reposa en América Latina, en Brasil, los portugueses, los pueblos originarios americanos, los africanos, el resto de los europeos. Les pregunté, como suelo preguntar para incorporar vocabulario de los miembros de la familia, si sus padres tenían algún hermano. Se miraron entre sí y asintieron atentos.
Y así, limpio, con una voz suave y hermosa, él me contó que su papá tenía 22 hermanos y su mamá 10. Y que a pesar de tener 32 tíos, no tenían relación ni con ellos ni con sus familias. Estamos hablando de más de 100 integrantes de una misma familia en un mismo tiempo histórico que a duras penas recuerdan. Miré la hora, hacía rato se había terminado la clase. Cerré los temas, la tarea y los despedí con un abrazo. Que nos veíamos la semana que viene.

Me sacó de mi ensimismamiento otro profesor, preguntándome si podía usar mi guitarra, porque se había olvidado la suya. "Usala con paz", le dije. ¿Usala con paz? Sí, con paz. Ponele. Qué se yo. Me faltan palabras. Me acaban de contar una historia.

martes, agosto 11

A la noche a las diez en Parque Centenario

Me encontré un woofer y dos parlantes de la concha de la lora en una caja junto a una botella de whisky vacía. Me llevé la caja por puro deporte ciruja, no albergaba ningún tipo de esperanza de que funcionara nada. 

Acabo de conectar todo. 
Se va a saltar la pintura de las paredes. 
Los graves se sienten en el alma. 
Es tanta mi emoción 
que no puedo dejar un tema 
por más de unos segundos. 
Nada es suficiente. 
Somos sonido.

domingo, agosto 9

Duda bebé

En un mundo hiperinflacionario
onda Zimbabue en el 2008
la pregunta del millón
sería una duda
chiquita.


jueves, agosto 6

Se murió Juana Bignozzi

Dije cuando leí hoy a las ocho la noticia. Segundos antes miraba el cielo y pedía por favor que mis alumnos de las 10 me cancelaran maleducadamente sobre el pucho.
Loco, se murió Juana Bignozzi, dije una hora después mientras le ponía la funda cubrelluvia a la guitarra, salía al mundo como un pollo sorprendido y caminaba hasta el subte.
Nunca va a saber que también una piba en parque centenario se lamentó por su ausencia. Que gente extraña dijo lo mismo al despertarse y desayunarse con un titular tipografía tamaño 18.
Me adelanto a las actualizaciones: seguimos preguntándonos para qué.
Ya en el andén, guardando el paraguas en la funda y luciendo como un camélido con alforjas, hice malabares para contestar el teléfono; era la secretaria del instituto avisándome que mis alumnos de las 10, maleducadamente, me habían cancelado sobre el pucho. Que la línea D no funcionaba. Miré la hora. 9:30. Volví caminando bajo la lluvia oblicua y me encontré una maceta con una plantita mocha que me propuse florecer. Se murió Juana Bignozzi y yo sigo sintiendo la demora.

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Educada en el vicio de los hombres

voy a la cocina y me siguen
voy al baño y golpean la puerta
me despiertan en la noche para preguntarme si duermo
llaman por teléfono en todas mis ciudades
para avisarme cuidado con el vino y la vida literaria
no he perdido padre ni tíos ni ahijado ni amigos de juventud
por no perder no he perdido ni editor
ni ese hombre
que ya sombra aún cuida mi paso en las esquinas

no me han dejado caer de su mano de su vicio
de su peso de mi corazón.


(2000)

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La vida plena

Resultado de imagen para juana bignozzi lecturaA algunos les han quitado las ganas de hablar,
pasan mudos por el amor, aman perros vagabundos
y tienen una piel tan sensible
que nuestros pequeños saludos cotidianos
pueden producirles heridas casi de muerte.
Nosotros, seres amables e inofensivos,
miramos los gatos enfermos, las mujeres con collares
que pasan por la calle
y sentimos un desamor agradable,
casi suficiente.

(1967)

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Soy una mujer sin problemas

Todos lo saben
y entonces buscan mi compañía para charlar por las noches.
Sin embargo yo conozco a alguien que quiere morir en paz consigo mismo
y me produce estremecimientos, insomnio, soledad,
porque la paz conmigo misma sería una guerra sin fin,
dos o tres asesinatos inevitables y alguna entrega desmedida
que no entra en mis planes.
Sin embargo yo sueño por las noches
con un jardín inmenso donde los muertos se levantan para saludarme;
yo sueño con un hombre que me inquieta y como lo ignora
me habla amigablemente del resto del mundo
y de mis múltiples amores, tan simpáticos,
tan apropiados como tema de conversación.

(1967)

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Resultado de imagen para juana bignozziYo que moriré vendiendo las joyas
que nunca tuve
extiendo esta mano como si blandiera guante de encaje
que no conoció
porque hizo domésticas tareas
con sentido histórico hartazgo y cierta dignidad
yo que moriré
espero limpia y perfumada y es probable con olor a decencia
no olvidaré el escenario inaugural
donde se encendieron y apagaron las luces
donde creció mi adolescencia y murió mi juventud.

(1989)

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Nocturno

la luz de mis amigos en las cenas en mi ciudad
el perro de Anouilh que siempre aúlla para mí
casas de barrio a oscuras cazadores de lavabos de estación
mi amiga comprándome vino en el kiosco
un avión esperando para encender los motores.

(2000)

sábado, agosto 1

Estaciones

La primavera es la ignorancia del progresismo.
El otoño, el candidato de izquierda
que hace veinte años saca los mismos diez mil votos
de las mismas diez mil personas.
El verano es la molestia,
el invierno es la amenaza.

El invierno es estar de vacaciones en el campo,
todos están adentro de la casa hablando fuerte,
vos estás afuera levantando las sobras de la cena;
te sentás a fumar y un lobo atraviesa la tranquera
y se sienta en sus cantos,
te mira,
lo mirás compadrito.
El lobo y el invierno te dan miedo y a la vez
te chupan un huevo.
Sabés que si han de llevarte,
sea por el frío o por furiosas dentelladas,
vas a dar algun tipo de batalla
porque eso,
descubriste,
se te da bastante bien.

En verano todos somos
intelectuales barrilete que sufren por amor.
En invierno hacemos todo lo que podemos.
Lo que haga falta, que nuestro cuerpo se adapte.
¿Notaste acaso la temperatura de las sábanas
una mañana cualquiera de agosto?
Espabilá.
Te estoy relatando mi corazón.