jueves, febrero 25

Una cabeza de caballo entre las sábanas

Nos juntamos un domingo con la rubia a ver El Padrino
ese lunes no trabajamos y haya paz.
Charlamos durante horas y pasa la cena
hasta las dos de la mañana nos colgamos
intentando solucionar el audio que se escucha bajito.
Tomamos vino y
hace un calor como para no ser digno.
Le robo una boleta de agua y me abanico.
En un momento mientras me pinto las uñas de los pies
levanto la cabeza y la rubia yace atrás del televisor
desenchufando cables.
Yo sola termino la película
ella duerme con los anteojos torcidos
con un montón de confianza.
Se despierta para abrirme la puerta
y mi casa está tan lejos que no existe
pero son las cinco de la mañana
y en un montón de otros lugares,
al igual que acá, está amaneciendo.
Miramos los colores desde la entrada
son varios hace mucho no veía salir el sol
el momento en el que sale
pienso: tranca si me intentan robar doy todo
pero porque a quién no pone creyente el sol.
Camino y me subo a un colectivo que me acerca
Estoy re lúcida
nadie puede dudar de que las cosas existen
arriba de un bondi.
Me pregunto por qué no progreso
y hay gente corriendo en plaza italia
a las cinco y media de la mañana.
Intento encontrar a alguien que conozca
nunca hubiera pensado que a esta hora la gente corre
pero tampoco pensé nunca en cuántos chinos
no sabrán usar un celular
y seguro debe haber una bocha
nunca me tomé este bondi
ya no sé cómo hacer
para controlarme y no llorar
al preguntarle al conductor
a dónde mierda vamos.

martes, febrero 2

PB, parte dos - Franklin el gato

 Tengo un gato, Franklin. Lo traje el 22 de Noviembre del 2015, el día que ganó Macri. Es negro como la perspectiva nacional, sospechosamente sociable y salvaje. Su vida gira en torno a una dialéctica conflictiva conmigo, en parte porque aprecio profundamente su amor de indigente y en parte porque detesto que traiga palomas a casa. A veces las trae muertas y a veces las mata en el living. Real. Me produce muchísimo odio e impotencia. Además grita como Aretha Franklin, pero se llama así porque vivimos en la calle homónima. Cualquiera diría que es un gato de mierda pero, como las grandes contradicciones de este siglo, tiene demasiado amor entre pecho y espalda. Jamás me levantó una uña. Ni siquiera cuando le arranqué de las fauces un cadáver de rata con alas.
Dije que es sociable y eso es un problema. Le gusta estar todo el dia en la ventana y que la gente que pasa lo sobe. Adora a una Golden de un vecino que lo lambetea que da calambres cuando baja a saludarla. El problema de sus sociabilidad radica en que para dejarlo estar en la ventana tengo que, de forma directa, dejar la ventana abierta para pueda volver a entrar. Y eso es, sin desviaciones, el camino directo a encontrar a una paloma idiota que no supo evitar al obeso de mi gato en el living. Por lo cual hace dos semanas que cierro las ventanas al irme y sólo dejo unas hendijas para que entre aire. Hace dos semanas que en el departamento "se rompieron" un montón de cosas.Yo le digo que aguante un toque, que ya nos mudamos. "Me chupa un reverendo huevo la mudanza", parece decirme mientras mastica la tulipa de la lámpara de pie. Si algún día me planteo seriamente la maternidad, mi intelección va a experimentar su propio fin.

Hace unas semanas, un miércoles cerca de las siete de la mañana una pareja se puso a discutir a los gritos al otro lado de la ventana de mi cuarto. Quiero ser entendida, de la cabecera de mi cama a su posición había escasos cuarenta centímetros. Fue un paro al corazón como despertarse todavía borracha a la hora en la que deberías estar entrando al trabajo. Estoy hablando de gritos de gargantas golpeadísimas, de gritos de noche. Lo peor fue que me despertaron al toga, que arrancó con una sinfonía gospel de la que sólo pude salir colocando balanceado en su escudilla. Miseria, papi, miseria.
Como me faltaban veinte minutos para que el despertador de mierda sonara, interpreté la trifulca invasora como un ayudín y puse la pava mientras tomaba nota de la cantidad de veces que se puede decir 'sorete' a las siete de la mañana. Aretha, mi bella, decílo: