domingo, junio 26

El lenguaje que no es la lengua

El jueves llegué tan reventada del trabajo que me tiré un ratito a las 6 de la tarde -tenia que salir a la media hora a la facultad-, y me levante a las 9 con dolor de cabeza y miseria humana. Quería cocinar algo rico y fui al supermercado chino de enfrente del parque. En un momento una de las dueñas, una copada con la que me llevo bien, me saludó. Ella estaba reponiendo unos frascos de conservas y yo estaba parada con la boca abierta enfrente de los estantes de aderezos.  Fue fuerte, me sacó de una secuencia, no sabía qué hacía mirando mayonesas. Me giré -todavía con la boca abierta-, la miré y fue tal la conexión que nos empezamos a reír a carcajadas. Yo estaba en la últimas. Ninguna de las dos habla el idioma de la otra. Realmente no podemos cruzar una palabra. Pero nos comprendimos muy bien porque hay cosas que son evidentes. Me dio dos palmaditas en la espalda y me gastó afectuosamente en chino. Seguíamos riéndonos. Le dije gracias. Me llevé una mayoliva.

4 comentarios:

  1. ¿Vale la pena tanto esfuerzo?

    Me acuerdo de cuando iba dos veces la misma noche a la facultad (a las 8pm, a las 7am, que era de noche), y antes y después de eso, a trabajar.
    (Hasta que mi cuerpo reventó).
    Si fuera joven de nuevo (¿), no sé viviría más rápido, tratando de hacer más cosas antes de romperme, o más calmo, total siempre voy a llegar tarde.

    Lo rico no necesariamente es determinado por el aderezo.
    Hinojo cortado finito, aceite de maíz, limón, sal. ¡Placer!
    (Bueno, podemos convenir que el aceite de maíz le pone un toque que el de oliva o el de girasol no le da).

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    1. Excelentes acotaciones las suyas, es algo que la mayoría de nosotros pensamos. Sucede lo siguiente: necesito sostenerme, claro, pero me apasiona todo lo que hago por fuera del trabajo. ¿cómo dejarlo si es acaso lo más importante? Obviamente mis ideales viajan en un ascensor de esos rápidos y silenciosos, y mi cuerpo por escalera, pero tomando una teoría dinámica de la infinitud, ambos llegarían a recorrer todos los pisos.
      ah, y ya viví más rápido y me dió tristeza. A veces la rapidez es una excelente explicación del escaparse de las cosas. Pero ya me escucho como un monje tibetano y no tengo las cosas tan claras, no se engañe jajaja besos van

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'Casa-quinta' es una palabra compuesta por una casa y un jardín.